-

lunes, 9 de mayo de 2016

REFLEXIONES CUANDO LIMPIO LA COCINA

Hacía semanas que cada vez que ponía la mesa, para encontrar los tenedores en la cocina, tenía que apartar el cucharón, la botella de Mistol y la yogurtera. Mi cocina parecía el Guernika de Picasso, aunque todavía no tenía suficiente nivel como para que viniera Alberto Chicote a hacer un programa de Pesadilla en la Cocina.
Así que, el día en que mi hijo se fue de excursión todo el día con el colegio, decidí que había llegado el momento de poner un poco de orden y limpiar la cocina. Me puse un chandal de Kobi karateka, un pañuelo blanco en la cabeza, atado por las cuatro puntas y unos guantes en plan Gilda pero de goma... ¡Parecía una heroína de la Marvel! ¡Era como la melliza de Don Limpio!

Empecé a abrir armarios, cajones y a sacar cosas que ni siquiera lograba recordar como habían llegado hasta allí.  Por ejemplo, habían unos cuchillos de plástico que ya me gustaría a mi a los de la Teletienda de los cuchillos japoneses verlos partir sushi con eso... Vamos, que eran más inútiles que un cenicero en una moto...

También salieron unos cuencos de Thomas el tren y unos cacharros para hacer polos con Fanta, que nunca habíamos utilizado. Surgió de las profundidades del armario un paquete de macarrones que había caducado hacía un par de meses y pensé:
" Los podría guardar para que el niño hiciera collares y pulseras." 
Pero inmediatamente, mi Pepito Grillo interior intervino
 "Tu niño ya es mayorcito para estas cosas..."

Así que no me lo pensé dos veces y lo tiré todo. Entre una cosa y otra terminé llenando tres bolsas industriales de basura. Los chafarderos del vecindario me miraron mal cuando las saqué al contenedor, como culpándome a mí sola del calentamiento global,  pero yo... Tranquila, que estoy al día de la contribución especial de residuos de mi ayuntamiento y con eso... ¡Se puede poner suficiente aire acondicionado como para refrescar todo el planeta!

Me pregunté seriamente dónde está el punto en el que se me podría diagnosticar un "Síndrome de Diógenes", por tanto, candidata ideal del programa "No lo tiro por si acaso".

En estas cavilaciones andaba cuando llegó mi hijo, y después de achucharme, exclamó entusiasmado:

—¡Qué cocina más limpia, mami! ¡Qué bien! ¿Sabes qué? Como premio voy a hacerte un collar y unas pulseras de macarrones y  tú me haces unos polos de Fanta, que luego me los comeré en mis tazones del Tren Thomas...

Núria Graell